Sipara / El eslabón perdido que en tiempos remotos unió a Venezuela con la Atlántida

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Prensa Inparque Sucre

Reportaje Especial: Otilio Rodriguez

Dos años antes de iniciar oficialmente el ejercicio del periodismo tuve la oportunidad de visitar en calidad de turista, una de las poblaciones menos publicitadas de la geografía sucrense, a pesar de tener una conexión directa con uno de los misterios de mayor data histórica de la humanidad. Dicha comunidad tiene por nombre Sipara, ubicada a escasos kilómetros de la capital del municipio Arismendi, Río Caribe, y se dice que fue ese eslabón perdido que unió a Venezuela con la Atlántida.

Fue en abril de 2006, cuando me dejé seducir por una invitación cuyo mapa de ruta indicaba San Juan de Unare y San Juan de las Galdonas, vía Bohordal. Pero por cosas del destino, el chófer se enmudeció al escuchar a un nativo, quien con su comentario atemorizó al resto de los acompañantes, sobre la posibilidad de ser víctima las bandas criminales que allí residen. Finalmente, el conductor que estaba frente al volante del Machito 4×4, fijó su dirección hacia Sipara.

Diez minutos más tarde, fuimos interceptados a mitad del camino por una hermosa jovencita de un color de piel tan similar a una almendra de cacao recién tostada, cuya gracia natural estaba condimentada por una larga cabellera escrespada por la suave brisa tropical que filtra el incesante sol costeño.

Sentada a mi lado, no tarde en preguntarle ¿Cómo es Sipara? Ella describió su terruño como un verdadero paraiso, no tanto por ser playa más hermosa donde se había bañado, sino más bien por la calidad humana que caracterizaba a sus pobladores. Al principio debo confesar que puse en duda el testimonio regionalista de la chica.

Las dudas que tenía del supuesto paraíso que podía ser Sipara, quedó a la vista de todos. La palabra «paraíso» fue mezquina. Se trataba de una postal fotográfica extraída de una obra literaria descrita por la pluma de Don Andrés Bello. Era una p!aya tan lúcida como una inmensa piscina adornada de una tersa arena blanqueda. En uno de los anexos de la playa se observaba una especie de muralla sumergida que se perdía de vista a pesar de su extensidad.

Según datos extraídos del libro Estado Sucre: ¿La Atlantida Con Nosotros?, escrito por el colega periodista y tocayo Otilio Rondón, dicha estructura parecida a una muralla, la cual sirve de sustento para los habitantes de Sipara, ya que de allí se extraen los mejillones más grandes y suculentos de Venezuela; mide aproximadamente 520 metros de largo por casi 30 metros de ancho, con unos 3 metros de espesor. 

Si de investigaciones y documentales es de seguir citando, podemos mencionar ahora el libro «Los Misterios del Atlántica» donde se describe una muralla de 160 kilómetros que antes del hundimiento del mencionado continente, tenía a Yucatán – México como punto de partida y se extendía por el Mar Caribe hasta llegar al frente de las costas venezolanas.

No hay dudas que desde el primer día de pernocta en Sipara, hasta mi retorno a la ciudad de Carúpano, mi curiosidad fue monopolizada por esa misteriosa estructura que se perdía de vista sobre la costa.

Casi una década después (2006-2014) de mi primera visita a esta población pesquera de Arismendi, mi interés por conocer los misterios que se ciernen sobre Sipara, volvieron a aflorar estudiando al investigador Charles Berlitz, quien destaca en su obra «El Misterio de la Atlántica» la siguiente argumentación: En el Caribe y en las zonas vecinas abundan estructuras construidas por el hombre. Cuando el agua está clara y serena pueden advertirse diques o caminos a lo largo del fondo de las zonas costeras que parten de Yucatán y Honduras, y se dirigen mar adentro hacia puntos demasiado profundos como para ser explorados. Una de esas construcciones es una muralla de 160 kilómetros de longitud que se extiende hasta una zona nororiental de Venezuela».

Adicionalmente Berlitz agrega que «Cuando los conquistadores españoles exploraron a Venezuela por primera vez, encontraron un reducto denominado Atlan que estaba poblado por indios de piel blanca, cuyos antepasados eran sobrevivientes, según decían de una tierra inundada».

Si el estado Sucre no fue en tiempos remotos una colonia de la Atlántida, continente que en sus inicios no fue precisamente una isla; cómo se explica tanta conexión entre Sipara, Yucatán – México y la teoría del escritor Andrew Tomas, quien en su libro «Los Secretos de la Atlántida» asegura que «antiguamente en Venezuela vivía una tribu llamados Parias, cuya población fue bautizada como Atlan.

Aún que parezca ilógico, otro científico de renombre internacional refiere a Venezuela como uno de los países que mucho antes del hundimiento de la Atlántida, ya asomaba indicios de pertenecer dicho continente desplazado por movimientos tectónicos y otros fenómenos geológicos estudiados en profundidad por el investigador James Churchward, afirma que en Irlanda existen formaciones similares a las existentes en el Caribe. No seria descabellado apoyar éstas teorías científicas que coinciden en presumir que la muralla que yace en Sipara y sirve de sustento alimenticio y económico para los lugareños, haya sido construida por hombres de dimensiones superiores a los actuales.

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